Stuttgart, 20 de septiembre de 2025. – La Deutsche Rennsport Meisterschaft (DRM), uno de los campeonatos de automovilismo más competitivos de Europa en la década de 1970, se caracterizaba por una feroz rivalidad dividida en dos categorías. Mientras la División I acaparaba focos con poderosos prototipos, fue en la División II, reservada a motores de hasta 2.0 litros, donde Porsche ejecutó una de sus mayores hazañas de ingeniería con el singular 935-77.
La estrategia de la marca de Zuffenhausen para esa temporada no era la habitual. Lejos de competir en la categoría principal, los esfuerzos se orientaron a conquistar la División II, un terreno donde Porsche no era un participante frecuente. El objetivo exigía una transformación radical de su tecnología existente.

La Metamorfosis Técnica
El desafío regulatorio requirió una intervención profunda en el corazón del vehículo. Los ingenieros tomaron el clásico motor bóxer de seis cilindros refrigerado por aire y redujeron su cilindrada hasta los 1.425 centímetros cúbicos, un ajuste meticuloso que permitió cumplir con el reglamento. Tras esta modificación, la unidad propulsora entregaba una potencia de 261 kW, equivalentes a 355 caballos de fuerza.
La optimización del rendimiento no se limitó al motor. Para compensar cualquier déficit de potencia, se emprendió una rigurosa dieta de peso. Secciones completas del chasis original fueron reemplazadas por un bastidor tubular de aluminio, una solución que contribuyó a alcanzar un peso final de apenas 750 kilogramos. Esta combinación de potencia controlada y ligereza extrema resultó decisiva.

El Foco en la Pista
El escenario elegido para su presentación más destacada fue el Norisring, un circuito urbano conocido por su alta exigencia. Mientras la División I concentraba la lucha entre equipos privados, la atención mediática y técnica se volcó en la batalla de la División II, donde el Porsche 935-77 demostró su valía. Su actuación no pasó desapercibida, proyectando al modelo como un ejemplo de versatilidad y eficiencia en la pista.
La participación del Porsche 935-77 en la DRM queda registrada como un testimonio de la capacidad de la marca para adaptar su filosofía de alto rendimiento a desafíos específicos, priorizando la inteligencia técnica sobre la mera potencia bruta. Su legado perdura como una pieza singular en la historia del automovilismo.
Solo desliza y dale un vistazo a la galería:

















